La Copa del Mundo se quedó sin sus tres selecciones anfitrionas tras la eliminación de Estados Unidos en los octavos de final. El conjunto estadounidense cayó frente a Bélgica y se convirtió en el último de los organizadores en abandonar el torneo.

Al inicio de la competencia existía expectativa por el desempeño de los equipos anfitriones, especialmente después de algunas actuaciones destacadas durante la fase de grupos. Sin embargo, ninguno logró superar la ronda de octavos, dejando un sabor amargo para sus respectivas aficiones.

La eliminación de las tres selecciones también ha reavivado el debate sobre el nivel competitivo de la Concacaf frente a otras confederaciones. Mientras Europa y Sudamérica mantienen una fuerte presencia en las fases decisivas, los equipos de la región continúan buscando consolidarse entre la élite del fútbol internacional.